La vida del pueblo diaguita en la actualidad
El nombre «diaguita» nos llega de las crónicas españolas. El nombre que se da a sí mismo este pueblo es «pazioca» o «paccioca», lo que habla de su independencia y su profunda identidad, casi olvidada por el mundo exterior.
A pesar de siglos de desprecio y olvido, los diaguitas no son un artefacto arqueológico. Son un pueblo vivo que sigue afirmando su cultura en las tierras de Chile y Argentina, incluso en los rincones más áridos y difíciles.
Territorio y ecología: donde la naturaleza sostiene al pueblo
En Chile, los diaguitas modernos se concentran en el norte del país, en los valles de los ríos Huasco, Choapa, Elqui y Limarí. Las pintorescas terrazas, los canales de riego y el austero paisaje andino conforman el entorno en el que conservan su identidad y su lengua. Aquí la vida es imposible sin agua, por lo que los sistemas de riego, que se remontan a la época precolombina, siguen formando parte de la vida cotidiana y son un símbolo de la continuidad generacional.
En el territorio de Argentina, especialmente en las provincias de La Rioja, Catamarca y Tucumán, los diaguitas son conocidos como calchakíes. Desde tiempos inmemoriales vivieron en zonas de alta montaña y estribaciones, donde se dedicaban a la agricultura a pesar de la dureza del clima. Estas tierras se caracterizan por sus contrastes: los valles secos dan paso a estrechas franjas verdes a lo largo de los ríos, seguidas de llanuras pedregosas y estribaciones montañosas.
La realidad ecológica de los diaguitas hoy en día no solo consiste en mantener la armonía con la naturaleza, sino también en resistir los retos de la modernidad. Los proyectos a gran escala de extracción de minerales, la construcción de centrales hidroeléctricas y la agroindustria amenazan a menudo su territorio. El problema del agua es especialmente grave: las grandes empresas suelen desviar o contaminar los ríos, sin los cuales la agricultura y la vida cotidiana son imposibles. Para comprender mejor su apego al territorio, se pueden destacar los elementos clave del entorno natural de los diaguitas:
- Los ríos y los valles son fuentes de agua, sobre las que se basa la agricultura y la supervivencia cotidiana.
- Los Andes y las estribaciones son lugares sagrados, donde se formaron las tradiciones y los ritos.
- Los oasis y las terrazas son ejemplos de siglos de trabajo para adaptarse al clima seco.
- Las tierras fértiles para la agricultura, a pesar de la escasez de recursos, permiten mantener la autonomía.
- El ecosistema de las regiones desérticas y montañosas es un entorno frágil que requiere un trato cuidadoso.
El territorio de los diaguitas no es solo geografía, sino un espacio de vida y lucha, donde la ecología se une a la cultura y la naturaleza se convierte en aliada para preservar la identidad.
Herencia: cerámica, terrazas, idioma
Los diaguita se ganaron la fama de ser una de las comunidades agrícolas más antiguas de la región. Su cerámica era refinada, con diseños geométricos y una paleta de colores característica: blanco, rojo y negro. Este estilo se considera la característica distintiva de la cultura, que el investigador Francisco Corneli relacionó con una poderosa tradición de maestría artística.
Las terrazas y los sistemas de riego que construyeron eran geniales por su capacidad de adaptación al clima árido y montañoso. Estas estructuras permitían cultivar una gran variedad de cultivos: maíz, patatas, legumbres, calabazas e incluso amaranto en condiciones de alta supervivencia.
Las conexiones rituales con el cosmos se reflejaban en la adoración al Sol y a la Pachamama, la Madre Tierra. La instalación de menhires y los rituales estacionales son un eco de una antigua práctica que conectaba el mundo natural con el humano.
El dialecto o idioma cacán es uno de los misterios del pasado: su clasificación exacta se ha perdido y las fuentes escritas han desaparecido. Hoy en día solo lo conocemos por fragmentos en topónimos, apellidos y nombres de plantas.
A pesar de ello, su identidad se percibe en apellidos como Alballay, Campillay, Talinay, Chavilca, y en nombres de lugares que perduran hasta nuestros días.
Reconocimiento y resistencia actuales
En 2006, el pueblo diaguita fue reconocido oficialmente como pueblo indígena de Chile. Fue un acto de justicia muy esperado: se garantizaron los derechos a la cultura, la tierra, el agua y la protección.
Quienes se declararon diaguitas se unieron en centros culturales y asociaciones, recuperando poco a poco el vínculo con un pasado desaparecido. Pero el reconocimiento es solo papel. La realidad a veces es dura: los territorios siguen siendo ocupados por granjas, proyectos industriales, conservación de la naturaleza, pero no del pueblo.
Ahora no se resisten con palabras, sino con su vida diaria: creando espacios culturales, restaurando la arquitectura, los oficios, el idioma (aunque sea parcialmente) y apoyando la agricultura en sus valles natales. Cada tercera familia que se ha negado a asimilarse, cada mujer que conserva los conocimientos sobre hierbas y cocina, es una forma de resistencia. Y la clave para la supervivencia.
Formas modernas de resistencia y renacimiento cultural
Hoy en día, el pueblo diaguita recuerda su presencia histórica y defiende activamente su derecho a la vida, la cultura y la tierra. Su estrategia de supervivencia y resistencia se compone de varias líneas de acción, cada una de las cuales refleja su compromiso con las tradiciones y su apertura a nuevos retos:
- la preservación de la lengua y las tradiciones orales a través de talleres culturales y programas escolares;
- el renacimiento de la artesanía —cerámica, tejido, metalurgia—, donde cada pieza se convierte en un símbolo de identidad;
- la organización de asambleas comunitarias para debatir cuestiones legales y territoriales;
- participación en movimientos ecologistas contra proyectos mineros destructivos;
- desarrollo de fiestas y rituales locales como forma de manifestación pública de la memoria cultural.
Estas prácticas demuestran que los diaguitas en la actualidad son un pueblo vivo que se resiste al olvido y encuentra nuevas formas de unirse ante las amenazas sociales y económicas.
Sobre la vida y la práctica hoy en día: ser uno mismo
Las personas que se autodenominan diaguitas viven en los valles de Huasco, Elqui y Choapa. Su vida cotidiana gira en torno a la agricultura, la artesanía, las hierbas y los conocimientos ancestrales. Destacan especialmente las mujeres, guardianas del conocimiento sobre las hierbas, el aliento de la tierra y la construcción de chozas. Estas habilidades existen fuera de las estructuras elitistas, de forma autónoma.
Las prácticas de la medicina popular – la recolección de plantas, los brebajes curativos, los rituales – se conservan como fibra viva de la cultura. No son simples recetas, sino el rostro del pueblo, su resistencia a la desaparición.
Una narrativa que continúa
El pueblo diaguita, aquí y ahora, entre montañas y terrazas, entre Chile y Argentina. Es una memoria e identidad que se busca a sí misma y se reconstruye con hechos y conocimientos, no con declaraciones.
Los diaguitas en la actualidad son un jardín que florece en los corazones de los valles del norte, que se elevan hacia los Andes. Es el pueblo diaguita, que vive, resiste y sigue contando su historia al mundo, con su lengua, su cerámica, su tierra y su aliento.

