Deuda y Consumo, el desequilibrio en los hogares

Andrea Sato*

Al observar los énfasis que se han puesto en el análisis del sistema de acumulación capitalista, se encuentra que en las distintas etapas de la historia los conceptos y prioridades analíticas han variado según su contexto socio histórico. Durante la Revolución Industrial y buena parte del siglo XX el estudio del sistema capitalista enfocó su análisis en la producción, creación de valor y mercancía, esto claramente influenciado por las luchas obreras que se desarrollaron desde Londres hasta la Patagonia donde el conflicto capital-trabajo era la esencia de las masivas movilizaciones populares de principio de siglo. 

Con la crisis de los 70’ se comienzan a analizar desde otras perspectivas la infraestructura del capital, ya que la producción es desplazada como eje indiscutido del proyecto de acumulación capitalista y se comienzan a observar otras dimensiones como el consumo, elemento que se vuelve prioritario en el periodo del capitalismo flexible (Narbona & Páez, 2014) por la preponderancia que ocupa en el escenario post crisis.

En el ciclo del capital, el consumo es central para garantizar la reproducción del proceso de acumulación y en ese sentido, es importante observar como se ha comportado el consumo en la historia reciente del país. La expansión del consumo, especialmente en las clases medias, se asocia al proceso de modernización neoliberal (Moulian, 1997). En ese sentido, el acceso al consumo por parte de sectores medios y populares se convirtió en un símbolo del incipiente “desarrollo” del país, convirtiéndose en una herramienta de legitimación para la época. Al poco andar, los titulares que ponían a Chile como el jaguar de Latinoamérica con una economía pujante en la región fueron cuestionados, ya que las mismas personas que habían logrado mayores niveles de confort gracias al consumo fueron las más afectadas por el ataque sistemático al Trabajo. Los sectores populares y medios fueron las víctimas de la instalación de estructuras flexibles de acumulación, endeudamiento e inestabilidad. 

La gran promesa de integración social que vino aparejada a la oferta de acceso al consumo a vastos sectores que habían sido excluidos, se tomaron como indicadores de los cambios estructurales que vivía el mercado en el marco de la modernización neoliberal. El consumo, como ya lo planteaba Marx tempranamente en El Capital (Marx, 1976), es central para construir identidad y claramente también como factor clave para la propia acumulación, por tanto, estos dispositivos de consumo y posterior endeudamiento también promueven nuevas formas de creación de valor.

Dentro de los sectores medios y populares, principalmente urbanos, se establecieron códigos vinculados al comportamiento de consumo que disponían distintas formas de relaciones sociales. La heterogeneidad de experiencias y bienes a los que las personas pueden acceder es parte fundamental de la construcción de identidades y procesos integradores, pero ¿qué pasa cuando el sistema ha tocado los límites de la acumulación? La crisis de la reproducción, el sobreendeudamiento, el bajo valor del Trabajo y la mercantilización de los derechos sociales (Gálvez & Sato , 2020 -en prensa-), dibuja una cartografía de los hogares bastante compleja que impide leer el consumo con las categorías “tradicionales”.

 Lo que en décadas pasadas podía haber sido consumo suntuario que daba algún tipo de estatus –como los plasmas que se iban a comprar las personas con el 10% según la Ministra Zaldívar– hoy es desplazado por el consumo básico para la subsistencia del hogar, es más, se ha pensado el consumo de los sectores medios y populares vinculados a las redes de la economía informal cuestionando las estrategias de inclusión que el mercado había impuesto. [1]

El consumo y la deuda, [2] son los protagonistas principales de este periodo de la historia, donde la crisis sistémica ha transgredido cualquier equilibrio dentro y fuera de los hogares, esta crisis profundizada y acelerada por la pandemia del COVID-19 ha tenido consecuencias profundas en las personas que viven del trabajo. Los hogares empobrecidos, con bajos salarios y altamente endeudados (Durán & Kremerman, 2019) hoy se ven enfrentados a una crisis profunda del capital que se viene fraguando hace décadas y tiene impacto directo en el bienestar de las mismas personas. El consumo que había sido agente aglutinador hoy nuevamente pierde centralidad en el nivel de los hogares ya que la crisis estructural del capitalismo no permite las lógicas de compra y venta de las décadas pasadas. Las Crisis del capital cada vez son más profundas, más largas y más seguidas, los hogares hoy tienen pocas herramientas para seguir enfrentando la guerra que ha impuesto el capital sobre la vida. 

Los mecanismos de inclusión social dada por la dinámica del consumo a través del endeudamiento masivo tienen problemas estructurales, ya que los dispositivos financieros organizan hoy lo doméstico y se establecen como mecanismos de control y disciplina social. Las tasas de interés usureras, la financiarización de todas las dimensiones de la vida y la crisis de la reproducción simplemente están llegando a un límite que obliga a analizar desde una perspectiva estructural la privatización de todas las esferas sociales. Cómo se comportan los hogares es central para entender este periodo de crisis. Los hogares han sido la primera línea del expolio del capital, la esperanza es que también sean la primera línea de la defensa y recuperación de los comunes. 


[1] Para profundizar en esta reflexión se recomienda leer a Ariel Wilkis (2013) “Moral y economía en la vida popular” Paidós, Buenos Aires.

[2] Según el Informe Deuda Morosa Equifax-Dicom en julio los deudores morosos alcanzaban las 4.927.000 personas, en agosto la cifra cayó 4.507.000 lo que se traduce en una baja del 8,5%. Las personas que dejaron de ser morosas se distribuyen en dos grupos: 147.122 de ellos (27% del total), corresponde a quienes salieron de este registro debido a la llamada Ley “Chao Dicom” que implica que las personas con deudas educacionales puedan salir de DICOM y las restantes 397.434 (73%), son personas que saldaron sus deudas comerciales principalmente en el retail, esto responde principalmente al retiro del 10% de los fondos de pensiones, las personas al verse con más liquidez decidieron salir de la gran cantidad de deudas que hay

Referencias

Durán, G., & Kremerman, M. (2019). Los Verdaderos Sueldos de Chile, Panorama Actual del Valor de la Fuerza de Trabajo Usando la ESI 2018. Fundación SOL. Santiago: Fundación SOL.

Gálvez, R., & Sato , A. (2020 -en prensa-). La Crisis de la reproducción o la crónica de una protesta de ollas vacías. En G. Elgueta, & C. Marchant (Edits.), De la marcha y el salto. Chile, octubre de 2019. Santiago: Tiempo Robado.

Harvey, D. (2007). Breve Historia del Capitalismo. Madrid: AKAL.

Marx, K. (1976). El Capital. Crítica de la economía política. Libro primero: El proceso de producción del capital. AKAL.

Moulian, T. (1997). Chile Actual Anatomía de un mito. Santiago: LOM.

Narbona, K., & Páez, A. (2014). La Acumulación Flexible en Chile: Aportes a una Lectura Socio-Histórica de las Transformaciones Recientes del Trabajo. Revista Pretérito Imperfecto Número 2, 140-172.


*Investigadora Fundación SOL. Licenciada y Profesora de Historia y Ciencias Sociales (USACH) Magíster en Sociología de la modernización (UChile).

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