La noción de la familia en la sociedad chilena del siglo XXI. Aproximaciones desde la antropología… ¿Existe la “sagrada familia”?

*Angélica Santos Caullán

Este artículo aborda el concepto de familia según los postulados teóricos de la Antropología clásica y contemporánea. Posteriormente, se intenta revisar cómo ha transmutado esta noción en la sociedad chilena del último siglo y se intentará reflexionar sobre las recientes configuraciones familiares. Se reconoce que la familia es dinámica y variante en el tiempo, pero, a pesar de sus cambios, es la base para la sociabilización y adscripción de los sujetos.

“La familia es un complemento nuestro, complemento mayor que nosotros, anterior a nosotros y que nos sobrevivirá con lo mejor de nosotros” (Alphonse de Lamartine, siglo XIX).

 

¿Qué es la familia? Planteamientos desde la Antropología clásica.

El concepto familia es considerado como el pilar básico de la condición humana. Sin embargo, esta noción trasciende lo natural. La familia se conforma como una agrupación dinámica de individuos organizados a partir de vínculos de parentesco real y/o simbólico, reconocidos socialmente. Las transformaciones en la configuración familiar son independientes a las nociones de parentesco, las que perduran estables en el tiempo. Si bien se estima que esta unidad puede ser universal, la familia es una institución particular que depende de las sociedades donde se presenta. Es así que el término familia ha sido problematizado por la antropología clásica, existiendo diferentes acepciones y aproximaciones.

El antropólogo británico A. R. Radcliffe-Brown plantea que las relaciones de parentesco se estructuran socialmente en un sistema complejo de disposiciones estables, ordenadas e instituidas, que son generadas por las interacciones mutuas y recíprocas entre personas en donde uno desciende del otro(a) o ambos descienden de un(a) mismo(a) individuo. A saber, esta premisa de filiación implica la presencia de un principio que articula y regula no solo según las relaciones consanguíneas, sino también las sociales, definiendo la vinculación, exclusión y pertenencia a un grupo determinado. Esta estructuración se fija por reglas basadas en derechos y deberes jurales, por pautas de comportamiento, y por afectividades. De esta manera, la familia elemental es la constitución unitaria mínima del parentesco y se compone por el padre, la madre y sus descendientes, en donde no es necesario que residan juntos.

A diferencia de Radcliffe-Brown, para el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss el parentesco se origina por la alianza, es decir, por la unión conyugal según determinadas normas, las que permiten el establecimiento estratégico de relaciones e intercambios que evitan el conflicto entre grupos, produciéndose la integración sociocultural, económica y política de aquellos. En este sentido, la noción familia designa a un conjunto de individuos con tres características fundamentales: se origina en el matrimonio, principalmente monógamo, aunque puede presentarse en otras relaciones conyugales; se compone por el marido, la esposa y los hijos/as nacidos dentro del matrimonio, aunque se puede incorporar a otros parientes; por último, los integrantes se vinculan por derechos y obligaciones (legales, económicas, religiosas y de otro tipo), además de una red precisa de prescripciones y prohibiciones sexuales, determinados por una cantidad variable y diversa de sentimientos psicológicos. De esta manera, la familia se desarrolla en una constante tensión y oposición, debido a que este conjunto implica una emergencia social de los requisitos naturales de continuidad humana; es por ello que este autor estima que la existencia de la familia es, simultáneamente, la afirmación y la negación de la sociedad.

Desde otra perspectiva, para Kathleen Gough, la familia se define como un grupo de parientes adultos (que pueden estar casados o no) que cooperan en la vida social y económica para la crianza de los hijos e hijas, en donde todos o la mayoría, utilizan una morada común. A pesar de que su manifestación es particular según cada cultura, existen ciertos universales de la familia: en primer lugar, las reglas que prohíben las relaciones sexuales y el matrimonio entre parientes próximos; en segunda instancia, la cooperación entre hombre y mujer de una misma familia mediante la división sexual del trabajo; en tercer lugar, el matrimonio como relación socialmente reconocida y duradera entre individuos, en tanto que desde aquí surge la paternidad social; finalmente, en general los hombres tienen un status y autoridad mayor que las mujeres de sus familias. La familia permitió/permite la satisfacción de necesidades. Por ello es el soporte de las sociedades antes de la aparición del estado. La familia fue crucial en la aparición de la humanidad, generando un salto cualitativo en la cooperación, conocimiento intencionado, amor y creatividad. No obstante, la autora cuestiona la posición de la mujer dentro de la familia, reconociendo su confinamiento. Esta antropóloga propone reflexionar respecto a las actuales relaciones familiares y división sexual del trabajo para reevaluar los roles de género en el parentesco. En efecto, “el pasado de la familia no limita su futuro. Aunque la familia apareció probablemente al mismo tiempo que la humanidad, ni la familia ni las formas concretas están determinadas” (Gough, 1976:152, en Lévi-Strauss, 1976).

Los postulados expuestos anteriormente tienen el crédito de reconocer que la familia es una concepción que tiene particularidades culturales según las distintas sociedades, además, estiman que esta noción es activa y variable históricamente, en tanto que va más allá de lo genético y biológico, porque se funda en lo social. Aunque la propuesta de Gough es la única que da cuenta de diferencias internas de género y política en torno a la familia, en el contexto actual, estos planteamientos señalados no son capaces ni han sido suficientes para interpelar e interpretar las mutaciones que han experimentado las constituciones familiares existentes en el siglo XXI: ¿en la actualidad, cómo se articulan los roles de género al interior de la familia?, ¿solo se fundamenta una familia dentro del matrimonio?, ¿para que exista una familia necesariamente deben haber una residencia común?, ¿cuando falta alguno de los padres en la familia, su constitución se acaba?, ¿qué pasa con las uniones de parejas homosexuales?, ¿qué sucede con la inseminación artificial o con la adopción?, ¿cómo es valorada la crianza y el cuidado en el seno de la familia? Para responder estas interrogantes es menester repasar la noción de familia en la sociedad chilena a través de los cambios que ha vivido y estimar cómo la antropología contemporánea ha reaccionado frente a las últimas transformaciones de esta constitución social.

Una panorámica sobre la familia en el Chile contemporáneo.

Para Eugenio Gutiérrez y Paulina Osorio (2008), además de Ximena Valdés (2009), la modernización de la sociedad chilena ha intervenido en la relación Estado-Familia. En los años 30 existe un “desorden de la familia”, debido a influencia de las diferentes vicisitudes sociales, políticas y económicas forjadas desde el decimonónico, que se materializan en la urbanización, industrialización, la migración campo-ciudad y la creciente expansión de las clases medias. Estos cambios significaron que el Estado se convirtiera en un agente benefactor que propició la inclusión social. Por ello, desde mediados de siglo XX, se gestó la implementación de una serie de políticas públicas extendidas a todos los sectores sociales que apelaban a la “institucionalización de la familia” mediante el fortalecimiento del matrimonio y la estimación de la familia nuclear patriarcal como el modelo único que sentaba las bases para el creciente proceso de desarrollo. En este período, a partir de la valoración del “salario familiar” promovido por el Estado, las imposiciones socioculturales exaltan al padre como representante de la familia en el espacio público, ya que es el proveedor y jefe del hogar, mientras que la mujer se confina en la esfera privada, porque se preocupa de las tareas domésticas y de crianza. Es así que el vínculo entre padres e hijos se estipula en una jerarquía autoritaria patriarcal. Paralelamente, en esta etapa se genera una alta natalidad.

Si bien desde la mitad del siglo XX es posible reconocer algunas transformaciones en torno a la familia, será con el Gobierno Militar, en donde se engendren los principales cambios, debido a la pérdida de la imagen de Estado subsidiario, en contraposición al afianzamiento del sector privado. En este escenario se afectaron los cimientos de la familia nuclear patriarcal, ya que el carácter económico neoliberal desarrollado en este período implicó importantes modificaciones en las necesidades y consumo de las familias, en tanto que la mujer se incorpora al mercado laboral, ha bajado la natalidad, se expresa un envejecimiento de la población, se ha producido un aumento de las desigualdades sociales, y se ha incrementado las normativas jurídicos políticas en relación a la familia, en la que se prioriza el bienestar y derechos de la mujer y los niños.

En esta reciente etapa el hombre pierde su protagonismo hegemónico como proveedor y jefe de hogar. Esta radical variación en la estructura familiar, tradicionalmente liderada por la autoridad masculina, ha implicado redefinir los roles al interior del hogar, generándose una “des-institucionalización de la familia”. En este contexto también ha sido necesario repensar las uniones conyugales, debido a la “creciente separación entre la constitución de la familia y las formas jurídicas del matrimonio. […] En el año 1989 se modificó el código civil eliminando la obligación legal de obediencia de la mujer al cónyuge; la ley que en el año 1994 sanciona como falta la violencia doméstica, da paso en el 2005 a una nueva ley de violencia intrafamiliar, la que eleva su penalización al otorgarle calidad de delito; y, además, en el 2004, se flexibilizó la ley de matrimonio civil incorporando la posibilidad de divorcio” (Gutiérrez y Osorio, 2008:120). En la actualidad los hijos nacidos fuera del matrimonio ya no son identificados como “hijos naturales” en los certificados de nacimiento; ahora, indiferente del estado civil de los progenitores, los niños nacidos tienen los mismos los derechos y reconocimientos.

La familia se encuentra en una paradoja: por una parte conserva elementos enraizados que son inherentes a su historia social; desde otra perspectiva, existe la incorporación de nuevos aspectos en su constitución. Esta «tradición selectiva» o «conservadurismo fracturado«, como lo denomina Valdés, ha significado proponer que la familia se encuentra en un proceso de inflexión en que destacan lo tradicional imbricando con lo actual o relacional.

A pesar de estas mutaciones, actualmente la normativa chilena mantiene una definición tradicional sobre la familia. Señala que la familia es un conjunto de personas vinculadas en parentesco (consanguíneo, por matrimonio y/o adopción) que residen juntos por un período indefinido de tiempo. La familia, en tanto unidad básica de la sociedad nacional, es la institución encargada de mantener la estabilidad de los integrantes del grupo, en lo social, económico, emocional y psicológico. Es por esta unión donde los individuos aprenden a relacionarse con otros, respetando los derechos y deberes inherentes como personas. Como grupo de excelencia se reconoce a la familia nuclear o conyugal, constituida por un padre, una madre y sus hijos. A pesar de su amplitud, esta premisa no reconoce totalmente las nuevas configuraciones familiares que existen en el Chile de hoy. En este contexto, queda pendiente y es ineludible la realización de una relectura estructural de la familia, desde distintos ámbitos (Estado, sociedad, entre otras instituciones), que incorpore los cambios evidentes que ha experimentado esta concepción, en tanto que se permita la participación de diferentes actores sociales, y de múltiples manifestaciones, orgánicas y significaciones familiares, las cuales apelan a la perduración de la idea de familia, pero desde una nueva perspectiva, más abierta e integral.

Reflexiones sobre la familia desde la antropología actual.

Después de la panorámica recientemente señalada, es necesario considerar y proponer nuevas reflexiones sobre la noción de familia, desde la antropología contemporánea.

Para Enric Porqueres I Gené (2008) las teorías clásicas antropológicas no han sido capaces de explicar los fenómenos actuales porque se enfocan a lo social y se han organizado con patrones tradicionales. En este contexto, las actuales técnicas de reproducción han suscitado una ruptura entre como se concibe la relación familia/individuo, porque reconoce que el parentesco parte desde el individuo, a través de crecientes niveles de involucramiento personal (desde el amor, la voluntad, hasta lo político) y estructural (lo sexual y las instancias sociales). De esta forma, la base de parentesco está en el individuo, el cual quiere a sus parientes como reflejo del amor hacia sí mismo, ya que el amor a los otros no es más que el amor hacia el propio ser.

 Desde otra mirada, tal como lo postula John Borneman (1997), el poder, género, matrimonio y sexo son parte de prácticas significantes, variadas e inestables que se interrelacionan en el parentesco y la familia, empero, que se manifiestan de diferentes maneras, sin que una deba ser más importante que la otra. En definitiva, se puede decir que la familia no es la condición exclusiva y pragmática que da unidad a un grupo social determinado, ya que depende de los distintos aspectos que la constituyen. El vínculo práctico entre las personas existe por y para la función específica de movilización efectiva –inclusión y exclusión, identificación y diferenciación–, manteniéndose estas por los usos, disposiciones e intereses de quienes participan en ella, tanto en el espacio público como privado. En este sentido, el autor propone que se debe dar prioridad ontológica a cierta necesidad humana fundamental, generada por una filiación voluntaria: cuidar y ser cuidado.

Desde estas nuevas perspectivas es factible reconocer que en el escenario actual existen sustantivos cambios en torno a las recientes constituciones familiares. Para estos autores, al contrario de lo planteado por la Antropología clásica, el matrimonio y la consanguinidad no son los factores que fundan a la familia, sino son variables dependientes, no determinantes. En este sentido, estas propuestas implican el retorno al sujeto, subjetivo y comunitario, políticamente activo, que restablece las bases de la familia en sus prácticas, simbolismos y representaciones. Es indiscutible que la afectividad, la sexualidad, el género, la infancia y las relaciones de poder han sido caracteres reconsiderados en las nuevas familias, trascendiendo a la alianza, filiación y residencia, como lo presumían los antropólogos clásicos. En efecto, las dinámicas de transformación y configuración de familia influyen y afectan significativamente a las relaciones de parentesco, respecto a las formas de reproducción, cohesión, comunicación y cooperación social. Empero, la familia sigue siendo la base de la sociedad, en donde los individuos aprehenden e internalizan identidades, además de modos de ver, ser, hacer y vivir el mundo, en relación a otros.

Para terminar, ¿Existe la “Sagrada familia” en la sociedad chilena?

Eminentemente, el concepto de familia se relaciona con la configuración de identidades personales y sociales. Los individuos se constituyen como sujetos sociales y políticos desde el seno de la familia, ya que es la entidad que suscita la sociabilización, las adscripciones, las distinciones y la pertenencia. Es por esto que las mutaciones en las constituciones familiares también influencian las instancias de comunión, creación y recreación de los individuos. Desde la familia los sujetos se posicionan socialmente. De esta manera, la familia no es funcional, sino relacional, va más allá de la tradición. Aunque en su esencia define los vínculos entre individuos y establece los cánones sobre sexualidad, reproducción y convivencia, en el escenario actual esta noción trasciende los preceptos de matrimonio y consanguinidad.

Según un estudio de la Universidad Diego Portales, realizado en el año 2010, se percibe una mayor aprobación a las parejas constituidas de manera más flexibles que el matrimonio, a las familias monoparentales y a la aplicación de técnicas reproductivas o de métodos anticonceptivos, aunque la crianza de hijos por la mujer y la reproducción asistida todavía son criticadas por sectores más tradicionales de la sociedad chilena. En este sentido, la homosexualidad aún es cuestionada respecto al establecimiento de una familia, tanto en uniones conyugales como en la paternidad. Se concluye que si bien ha aumentado la aceptación a las nuevas formas de hacer familia, en este contexto más liberal y reactivo, la ideología de la familia promovida por los grupos más tradicionales y conservadores ha sido determinante en el debate sobre estas recientes constituciones parentales.

A pesar de estas paradojas de cambio/continuidad y de conservadurismo/liberalismo en la noción de familia, no se puede negar que en el Chile del siglo XXI la arraigada estructura familiar, o “Sagrada familia” ha transmutado a diversas constituciones parentales. Las “dimensiones estructurales de la familia”, como lo ha denominado Ximena Valdés, han experimentado una metamorfosis que ha tenido injerencia en las resignificaciones de las nociones de maternidad, paternidad, procreación, descendencia, unión conyugal, sexualidad y convivencia. Aunque las transformaciones son evidentes, la fuerza de la costumbre o la tradición familiar siguen incidiendo en el sentido común colectivo, por ello existen resquemores a ciertas formas de hacer familia.

Como fenómenos actuales, aunque las familias nucleares siguen predominando a pesar de su declive, se identifica un aumento de las familias monoparentales, los cuales son mayoritariamente sustentados por mujeres jefas de hogar; paralelamente, en los últimos años se han incrementado los hogares unipersonales (o también llamados monoparentales) y los grupos familiares de tres o más generaciones residiendo juntas. También se reconoce una prórroga en la edad masculina y femenina para tener hijos, debido a la mayor esperanza de vida junto al logro tardío de una situación laboral rentable y estable que permita mantener un hogar, además, se considera importante la constitución de familias reensambladas o reconstituidas que incorporan a nuevas parejas con hijos de relaciones previas. Dentro de los cambios conductuales se identifican la temprana iniciación sexual, el aumento de los embarazos adolescentes versus la decisión por una maternidad tardía y el aplazamiento en la edad de formar parejas definitivas. En el último tiempo, se ha experimentado una disminución de la natalidad por el impacto de los métodos anticonceptivos, implicando que clanes extensos de antaño deriven en pequeños grupos familiares. Paralelamente, se ha evidenciado un declive en la cantidad de matrimonios, en contraste con el incremento de divorcios y de uniones conyugales no legalizadas. También es posible reconocer la existencia de parentescos alternativos (padres del mismo sexo, entre otros), la confluencia de nuevas vinculaciones parentales fundamentadas en la voluntad (adopción), además de la relevancia de la tecnología como interventor de la familia, tal como ocurre con la reproducción asistida. Por último, se ha revalorado la tutoría de familiares lejanos o no parientes, que por diversos motivos asumen la crianza de niños que no son hijos; en esta situación no se establece la adopción, sino que prima el cuidado del otro basado en la afectividad, solidaridad y compromiso.

Estas transformaciones de las composiciones familias, que son experimentadas en el país, también son visibles en otros lugares del mundo, ya que los aspectos que constituyen la noción de familia, tales como la sexualidad, procreación y la convivencia, se han movilizado en discursos, prácticas y sentidos diferentes y contradictorios. A saber, las representaciones, los imaginarios y significaciones respecto a la noción de familia aún están en una encrucijada, entre lo tradicional y lo liberal, entre lo funcional y lo relacional, entre lo ideal y lo real.

Referencias bibliográficas.

 – BORNEMAN, J. 1997. “Cuidar y ser cuidado: el desplazamiento del matrimonio, el parentesco, el género y la sexualidad”. En Revista Internacional de Ciencias Sociales, nº 154. Disponible en:

http://www.unesco.org/issj/rics154/bornemanspa.html (acceso el 18 de agosto del 2012).

– GUTIÉRREZ, E; OSORIO, P. 2008. “Modernización y transformaciones de las familias como procesos del condicionamiento social de dos generaciones”. Última década, n°29, diciembre. CIDPA, Valparaíso, Chile.

– LÉVI-STRAUSS, C. (eds.) 1976. Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia. Editorial Anagrama, Barcelona, España.

– PORQUERES I GENÉ, E. 2008 “Los avatares de la subjetivación en los debates modernos de la antropología del parentesco”. En A. Bilbao y P. Vermeren (eds.) Política, ficción, subjetivación: Figuras de lo humano. Ediciones Universitarias de Valparaíso, Chile.

– RADCLIFFE-BROWN, A. R; FORDE, D. 1982. Sistemas africanos de parentesco y matrimonio. Editorial Anagrama, Barcelona, España.

– UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES, 2010. Encuesta Nacional UDP. La mirada de los chilenos a la familia. Disponible en:

http://www.eticayreproduccionhumana.udp.cl/publicaciones/lecturas/Mirada_chilenos_familia.pdf (acceso el día 23 de junio del 2012).

– VALDÉS, X. 2009. “Metamorfosis de la familia y la vida privada. Cambios y tendencias en Chile”. Exposición en Universidad del Bío Bío. Disponible en:

http://www.ubiobio.cl/miweb/webfile/media/135/METAMORFOSIS%20DE%20LA%20FAMILIA%20Y%20LA%20VIDA%20PRIVADA,%20Ximena%20Val%20(1).pdf (acceso el día 23 de junio del 2012).

 * Egresada de Antropología Social de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, en Santiago de Chile. Debido a su incesante interés en aprender y viajar, ha investigado variadas temáticas a lo largo de la carrera: antropología del parentesco, antropología de la muerte, género y economía, identidades, antropología del desastre, y antropología insular.

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1 Comment on La noción de la familia en la sociedad chilena del siglo XXI. Aproximaciones desde la antropología… ¿Existe la “sagrada familia”?

  1. excelente trabajo muy didáctico, estoy muy de acuerdo con lo expuesto, el problema es el futuro de esta sociedad dado que se requiere una educación holistica para una mejor comprensión de ella.

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