Editorial. Ahora SOMOS

El movimiento social, tal y como se ha ido instalando en la discusión de los últimos años, se despliega en varios frentes de forma simultánea. Si bien aquello que tuvo lugar el año 2011 con el movimiento estudiantil, y de lo cual hoy se ocupan analistas y comentaristas sin un acuerdo general, tenía una premisa clara –educación pública–, detrás existía una fuerte crítica a todo un sistema: social, económico y político. No solo se trata de educación, sino también de pensiones, salud, derechos, dignidad.

De alguna forma, todas estas luchas se perfilan hoy desde diferentes necesidades. ¿Cómo podemos, entonces, articular un concepto de acción colectiva, solidaria, que además tenga la capacidad de influir directamente sobre el futuro y las condiciones de vida? Para nosotras, más allá de los objetivos de cada lucha, que son evidentemente necesarios, el camino a construir pasa por la experiencia de organización.

Y es que ese ha sido nuestro propio dibujo. No se trata solo de la constatación del abuso y la total pérdida de legitimidad de nuestras instituciones políticas al ostentar algún tipo de representatividad de un pueblo; tampoco hemos buscado referirnos exclusivamente a las condiciones en las cuales se desarrolla nuestra democracia, que deja espacios controlados para la participación y la toma de decisiones. Se trata, más bien, de proponer espacios, salir a buscar nuevos y enriquecer los propios. Y ese espacio propio es intrínsecamente relacional, se basa en la reflexión consciente acerca de nuestros sueños y nuestra realidad.

No hablamos precisamente de algo nuevo. A lo largo de la historia, conglomerados sociales con distintos grados de articulación configuran un relato político resistente en muchas dimensiones. Educación, medio ambiente, trabajo, cultura, memoria son algunos de los ámbitos en que diferentes organizaciones y colectivos han buscado posicionar sus luchas. Cuando estas se plantean en medio de un espacio y un sentido, hablamos de una lucha por el “poder popular”. Y en un país despolitizado, el pueblo pierde poder progresivamente.

Este concepto que convocó a “hacer las cosas por sí mismos” y apropiarse de lo que nos corresponde por derecho (sin necesidad de pliego de peticiones, sin partido político y sin trámites en el parlamento) se convirtió en una práctica política que tuvo su manifestación en tomas de terreno y fábricas a lo largo de todo el país durante los últimos años del gobierno de Frei Montalva y luego durante la Unidad Popular. De hecho, tomas y apropiaciones fueron consideradas “luchas de acción directa”, en el caso del MIR. Tras las primeras arremetidas de la población organizada y ya frente al gobierno de Salvador Allende, surgió la interrogante: ¿es el gobierno popular el que forja el camino al poder del pueblo?, ¿o es al revés? El cuestionamiento quedó, así, planteado por primera vez. Y no volvió a repetirse porque nunca más el pueblo se sintió representado por un gobierno. Posteriormente, durante la dictadura militar, la discusión sobre el poder popular fue reemplazada por las estrategias de resistencia y sobrevivencia. Tras la dictadura, tanto el gobierno popular como el pueblo organizado que lo sustentaba desaparecieron, al menos de la superficie.

Aunque desde entonces se halla invisibilizada o ha sido re-orientada hacia la autonomía política, la autogestión económica u otras, esta discusión original sobre el poder popular nos conduce a una reflexión ineludible para la mayoría de las organizaciones que lideran opinión o acción por fuera de los espacios establecidos por el Estado o el mercado. Previamente, todos ellos, en sus diversos campos, han adquirido representatividad política otorgada por sus pares artistas, por la comunidad de sus barrios, por una colectividad estudiantil, por su audiencia, por cualquier asamblea abierta o cerrada. Esos procesos, perspectivas, conclusiones, tácticas, estrategias, etcétera, son las que nos interesa acoger en este número.

En esta línea, Pablo Seguel nos sitúa en el concepto de Poder Popular en el contexto latinoamericano en “El desarrollo del poder popular en América Latina y Chile: Aproximaciones para una relectura del poder popular hoy”, ayudándonos con definiciones conceptuales necesarias. Luego, vuelve a relevarse el proceso político del Chile de la Unidad Popular como el momento en que tuvo lugar “el proceso de construcción de poder popular más importante de la historia mundial” como señalan –citando a Miguel Mazzeo– las editoras de Tiempo Robado: Gloria Elgueta y Claudia Marchant. Este análisis sobre la producción bibliográfica realizada sobre poder popular, nos permite dimensionar su alcance y también su ausencia.

Del mismo modo, hemos incorporado a la discusión la perspectiva histórica del mismo concepto de Poder Popular pero desde los “territorios” o lugares ajenos al área metropolitana, ensombrecidos por el centralismo. Desde la ciudad de Concepción, el equipo editorial del periódico Resumen.cl dirige la vista hacia el pasado político de la región del Biobío en su artículo “Reflexiones sobre el Poder Popular en Concepción”. También desde el Biobío, Fundación Síntesis se ha referido a las crisis del modelo. Afectando a los sectores más pobres, hoy los grupos económicos controlan el crecimiento de las ciudades, como señala el arquitecto y Director de la Fundación Camilo Riffo en “La destrucción creativa de la ciudad”. Por su parte, la cientista político Fernanda Rubilar –presidenta de Síntesis– en el texto “Los con voz ¿y sin voto?”, patenta la oportunidad que actualmente existe para participar en política aún más allá del voto y el sistema de representación vigente.

Otro concepto profundamente anexado al Poder Popular es el de Educación Popular. Esto es, Educación Popular hoy en Chile, y mucho después de Paulo Freire. Sobre esto le preguntamos al Colectivo de Sistematización Militante Caracol y, en su representación, nos respondió Carola la Caracola en la entrevista “Diálogos sobre sistematización, educación y poder popular”.

Por su parte, y vinculado a los procesos y experiencias de organización ciudadana, presentamos el artículo de Ignacio Muñoz Cristi que nos habla del Movimiento de Pobladoras y Pobladores en Lucha (MPL), proyecto social y político que nace en Peñalolén y cuyos ejes de lucha son la liberación, la autogestión comunitaria y la educación popular, a los cuales hoy se une también la despatriarcalización.

La perspectiva de género más específica y aplicada al plano político, toma lugar en el artículo “Ella quiere trasformar”, sobre participación de estudiantes universitarias, de la antropóloga Carmen Gloria Godoy.

No podemos pensar en un ejercicio del poder sin considerar las formas materiales propias de la economía autogestionada. Los huertos urbanos en todo Chile se han convertido en una puerta a esta forma de alimentación y relación social no mediada por el poder institucional ni del mercado. De eso nos habla Aníbal Fuentes en su texto “Islas Fértiles”, donde aborda los huertos urbanos desde la perspectiva de los espacios del poder popular.

La memoria también juega un papel importante en el escenario que queremos construir. Entendida esta como una lectura de la historia a la luz de nuestras luchas del presente, podemos decir que Chile alberga acontecimientos únicos de creación y resistencia. Su recuperación como experiencia política se hace fundamental para pensar en formas, contenidos y acciones que nos lleven a encontrarnos y ejercer un poder que nos es propio. La memoria y la relevancia de la historia local de las comunas y poblaciones de nuestro país es, para la reflexión sobre el poder popular que buscamos propiciar, fundamental. En el texto “Maipú, las otra batallas”, se expresa una reveladora historia de la comuna de Maipú, de manera autónoma y “hacia abajo” como plantea su autor Renzo Henríquez, en representación del Centro Cultural Rayén.

También sobre identidad y memoria, recogemos la perspectiva de la asociación Kiñe Pu Liwen que, en la marcha de la expansión urbana de Santiago de Chile, construye rukas para dar refugio a la participación del pueblo mapuche. Rosario Carmona comparte la entrevista realizada a Graciela Cheuquepan.

La difusión que queda para estas reflexiones, y el desafío estético que estas ideas plantean, se hace parte de la discusión a través del artículo del Colectivo Serigrafía Instantánea y su trabajo “El espacio público: un territorio en disputa para la contrainformación, necesario para la transmisión de ideas, pensamientos y emociones”.

En esta edición, Rufián Revista se propone recoger todas estas experiencias y perspectivas para, a través de ellas, bosquejar las formas de resistencia organizada de hoy, sus estrategias, objetivos y desafíos. Nuestro objetivo es compartir. De la misma forma, el trabajo de este número pretende crear un lazo de comunicación e intercambio y así contribuir a la ampliación de todos nuestros espacios de lucha.

Ahora somos. Y somos presente.

Santiago, abril de 2015.

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