Narrativas racializadas y políticas de la memoria: Abordaje a un manuscrito afrodescendiente en el Valle de Azapa

Paulina Barrenechea Vergara*

El hallazgo de un manuscrito de mediados del siglo XIX en el Valle de Azapa (Arica), que compendia una serie de manifestaciones literarias y testimonios escritos por Pedro Baluarte, agricultor afrodescendiente; no solo plantea desafíos de orden metodológico para quien investiga, sino que también obliga a producir un nuevo tipo de saber que da cuenta de las experiencias de quienes están, aún hoy, al margen de las narrativas dominantes.

El estudio de la presencia negra en Chile ha sido para mí un destino cifrado. Este tema ha ocupado una cantidad importante de mi trayectoria investigativa, más de nueve años, especialmente desde los estudios literarios y culturales. También hace más de nueve años, Silvana Baluarte, miembro de una de las familias afrodescendientes más reconocibles del Valle de Azapa, encuentra en la antigua casa de sus abuelos, en la hacienda San Francisco de Asís,  tres libros de contabilidad. Pronto nuestros itinerarios se cruzarían cuando uno de esos libros me fue cedido para realizar un trabajo de abordaje crítico.

El que hemos denominado “Documento Baluarte”, intercala el proceso de contabilidad de un negocio o hacienda[1] de mediados del siglo XIX, con manifestaciones literarias como valses, décimas, cartas y fragmentos sobre acontecimientos personales, escritos por Pedro Baluarte y fechados a partir de 1918. Se trata de una especie de palimpsesto que devela a los lectores un lugar intersticial, el tránsito de un objeto refractario de una actividad económica de un tiempo específico hacia un ejercicio de escritura que fisura la anterior a través de una experiencia íntima. A partir de los primeros auxilios generales realizados por Andrea Hermans, Conservadora y Restauradora de la Universidad de Concepción, podemos decir que el libro se encuentra en condiciones regulares de conservación.

“La descripción del soporte menciona que posee tapas duras forradas en cuero, cuadernillos de papel presumiblemente de pasta mecánica, encuadernación con cinta, páginas numeradas y con líneas. Los elementos sustentados en esta primera intervención son: tinta color sepia (presumiblemente tinta de pulpo, extracto de nogal, presumiblemente tintas ferrogálicas), lápiz grafito y otras tintas usadas en menos escala”.

Sin duda, las características climáticas del Valle de Azapa ayudan a su preservación. Para las comunidades afrodescendientes en Chile, el Valle es el territorio donde se construye su ethos; el hábitat que les permite desplegar sus actividades sociales, económicas y culturales, como también las espirituales. Organizadas en núcleos activos de trabajo, logran revitalizar allí algunas tradiciones de carácter religioso como la celebración de la Cruz de Mayo, bailes como la Tumba Carnaval, la gastronomía heredada por sus ancestros, sus manifestaciones orales y la conexión con un espacio territorial que se convierte en un anclaje identitario, a través, por ejemplo, de La Ruta del Esclavo. Las mismas son marcas geográficas que definen el nexo entre el habitante que se reconoce afrochileno, un paisaje y una historia.

Las luchas de estos movimientos se dirigen no solo a una reactivación de una cultura obliterada por el discurso hegemónico del proyecto de nación, sino también a un reconocimiento como una etnia más por parte del Estado chileno. El antropólogo Peter Wade considera que la diferencia cultural se despliega por el espacio geográfico, porque las relaciones sociales se concretan a través de formas espacializadas en lo que denomina como topografía moral (Wade, 2000). El Valle de Azapa define a su habitante, en tanto imprime una memoria que fisura la vivencia del espacio practicado y atraviesa los cuerpos dejando huellas imborrables, sobre todo, del periodo  de la chilenización. El conflicto entre Chile y Perú por las ciudades de Tacna y Arica, a inicios del siglo XX (1884-1929), convierten la zona norte (sur para Perú) en un espacio que alberga tanto los impactos de su contorno político-territorial como un cúmulo de marcas de violencia que se leen como cicatrices y que se inscriben en el cuerpo social de sus habitantes.

En el “Documento Baluarte”, efectivamente, se hacen visibles dichas marcaciones a través de la serie de testimonios escritos y firmados por Pedro Baluarte. Las investigaciones relacionadas con trabajo de archivo en el Registro Civil de Arica nos permiten encontrar su certificado de defunción, fechado el año 1934, a la edad consignada de treinta y cuatro años. Permanece soltero y no deja descendencia conocida. Dentro del clan familiar, Pedro no habría sido recordado si no fuera por el hallazgo de este manuscrito. Pese a ello, lentamente, brotan algunos recuerdos espontáneos. Don Calixto Baluarte, sobrino de Pedro, lo recuerda a través de sus ojos de niño. Junto a él hemos confirmado algunos supuestos y Pedro se ha convertido en el autor de un relato fragmentario de nuestra historia.

Resultan interesantes en el manuscrito los borradores de cartas (enviadas o nunca enviadas), en su mayoría de corte romántico, algunas de despecho, y otras de carácter institucional, como invitaciones formales a jugar partidos de fútbol. Atendiendo a la variedad de bosquejos epistolares encontrados en el manuscrito es plausible especular acerca del rol que Pedro cumplió dentro de su comunidad. Durante la ejecución del trabajo de campo realizado, especialmente dentro de su círculo familiar, fue posible configurar algunos rasgos interesantes de la vida del agricultor, y que lo recuerdan como un cantor popular. En un entorno predominantemente analfabeto, muchos de los poetas populares funcionaban como escritores por encargo, como una especie de amanuense, y que en este caso es coherente con la gran cantidad de cartas con distintos destinatarios y con remitentes diversos.

Dentro de ese dossier epistolar, una de las cartas es significativa pues existe un reconocimiento, quizás del agricultor mismo, como sujeto afrodescendiente, al refutarle a Amelia que: “[…] buscas pretextos falsos para deshacerte de mi persona […] como no sabes querer ni sabes que es el compromiso […] Pero en fin, todo lo dejo al tiempo y adonde no hay cariño no hay fuerza ojalas el que tienes sea bueno que no sea negro borracho ni cobarde como yo…” (cit. en  manuscrito original). Sin duda, el acto de nombrarse es una conducta verbal transgresora dentro de la tradición obliterante de la voz del sujeto/a afrodescendiente en Chile.

Son sugerentes, también, las alusiones a su vida como militar durante los años veinte, especialmente su viaje a Lima, las distintas localidades que visita, las referencias a distintas relaciones que allí emprende y que quedan registradas en cartas y testimonios:

Arica, 28 de agosto, 1929/Regresé a mi tierra/y yo me fui el/ año de 1923 en/el mes de agosto del año 1923/me fui de Arica a Sama/de allá a Locumba de Locumba/a Ilo de Ilo a Mollendo (…)/Callao de Callao a la punta de ahí a la Perla/de ahí a Miraflores de ahí a Barranco de ahí/a Chorrillos de Chorrillos a Ancón/estos son todos los puntos que conozco/del Perú y que los he recorrido durante los 6 años… a la vuelta pondré mi historia como pasé esos 6 años/Firmado Pedro Terán Baluarte  (cit. en manuscrito original).

Uno de los impactos más significativos del periodo de la chilenización o la pugna por “las cautivas” (Tacna y Arica) en las familias afrodescendientes en Arica es, sin duda, la persecución cruel que, a principios del siglo XX, les censura no solo por la sospecha de alguna filiación peruana, sino también por poseer una cultura anclada en tradiciones heredadas de los primeros africanos llegados a esta zona. Según testimonio de Francisca Ríos, “…cuando ocurrió el plebiscito yo todavía no nacía, pero mi madre nos contaba que varios de los hermanos de mi padre se fueron al Perú por miedo a que los mataran. Mis padres igual se tuvieron que ocultar” (Báez, 2010).

Estas huidas y abandonos intensifican una apreciación sobre los afrochilenos como predominantemente migrantes. Esto es tremendamente revelador si consideramos que dentro de la historiografía y la construcción de una política de la memoria nacional, la presencia negra es confinada al pasado donde se hace imposible establecer vinculaciones con el presente. Sin duda, este momento de la historia de la frontera norte en la acción de las ligas patrióticas, dejaría en las familias afrodescendientes una marca que se extiende sobre un territorio en la preservación de una geografía racial originada, no obstante, ya en el periodo colonial. Es importante precisar que la población negra en la zona es relevante desde el siglo XVI y es creciente en el tiempo. Al respecto, la historiadora Viviana Briones explica en el artículo “Arica colonial: Libertos y esclavos negros entre el Lumbanga y las Maytas” que:

“Un empadronamiento realizado en 1609 por oficiales reales nos muestra lo relevante de la población negra en la zona. Para ese entonces, se relata que habría sido necesario empadronar a los descendientes de negros que pasaren de una cuarta generación. Esto explicaría que la presencia de negros en el área ya tendría unos años” (Briones, 2004).

Además de los borradores de cartas y fragmentos de momentos de su vida, el manuscrito compendía más de una veintena de poesías, valses, zamacuecas y décimas. Las últimas han sido clasificadas en aquellas que él transcribe y las que son firmadas por el azapeño como compositor. Además de las glosadas, y que pertenecen a la tradición popular, hay décimas sin título y que versan sobre distintos temas, por ejemplo, el amoroso: “No quiero tener tu amor/porque no tengo placer/estoy biebiendo a disgusto/ha casusa de una muger” (en manuscrito original); el religioso: “Por mui dichoso me tengo/virgen madre esposa y rreina/que en ti mi esperanza gose/felisidades eternas”(en manuscrito original); y el militar: “Se ha formado un batallon/en el gran puerto de arica/tomaron tacna y moquegua/y se ban sobre Arequipa” (en manuscrito original).

Las décimas, como expresión oral y grupal, están ligadas a los pueblos afrodescendientes de Latinoamérica y tienen varios puntos de intersección que superan las problemáticas sociales y el origen africano para constituirse en un polo de reunión, de hacer comunidad. Es decir, más allá de su valor constitutivo como artefacto poético, es un tipo de expresión de cosmovisiones, problemáticas y tradiciones. En Perú y Chile, la influencia de las décimas, a fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, es importante en tanto sobrevive, pese a su débil registro escrito, en los barrios pobres y en la clase trabajadora. Las décimas compiladas y reseñadas en el “Documento Baluarte” son una selección que da cuenta de un momento para el sujeto afrodescendiente que enfrenta un contexto político y social adverso, producto de los procesos de blanqueamiento del discurso del Estado y del racismo silencioso de la academia.

El encuentro con este manuscrito, sobre todo en el ámbito teórico y metodológico, me ha obligado a situarme desde un pensamiento fronterizo que no solo tiene que ver con la forma en que enfrento un determinado texto, sino también con cómo a partir de él interpelo mis propios marcos conceptuales, desde la propuesta de otros principios de inteligibilidad de la historia y del presente. La lectura crítica de este manuscrito, por ello, no solo supone la necesidad de asumir un locus teórico que incorpore las experiencias y subjetividades obliteradas sistemáticamente por el relato nacional, sino que también hace visible una zona de tensión que interpela las políticas de la memoria en Chile y, más profundamente, una noción de patrimonio que en su discursividad institucional es tributaria de un complejo entramado que esconde los procesos de racialización que están en la base de su configuración.

Bibliografía

Báez, Cristián. Lumbaga: memorias orales de la cultura afrochilena. Arica: Fondo de Cultura Libro y Lectura, 2010.

Briones, V. “Arica colonial: libertos y esclavos negros entre el Lumbanga y las Maytas”. Chungara: Revista de Antropología chilena, Volumen especial, 2004, pp 813-816.

Wade, P. Raza y etnicidad en Latinoamérica. Quito: Ediciones Abya-Yala, 2000.

[1] Creemos que se trata de alguna hacienda o negocio de Azapa, pues figuran los nombres de algunas estirpes originarias de la zona: Albarrazín, Nugent, Carbone, Corvacho, etc.

* Nacida en Concepción, Chile. Periodista y Doctora en Literatura Latinoamericana. Actualmente se desempeña como investigadora y docente de la Universidad de Concepción.

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